febrero 09, 2010

Oportunidad.

Hoy pienso que en ese momento debí sentarme al lado izquierdo del bus, en ese asiento que quedaba vacío. Pero no tuve la fuerza, quizá la voluntad de hacerlo. Por ello el arrepentimiento está presente.
Pensar que durante años esperé, lo cual no es una exageración, sino que algo real. Fueron varias veces, muchas en las cuales me pedías un belmont light, un dos en uno de menta, y leer el horóscopo. Fue rutina que esperaba, me intranquilizaba el no verte. Cuando lo hacía era especial, lo hacía tratando de pasar desapercibido, era un secreto, te observaba mientras leías
el horóscopo.

En aquél tiempo no me atrevía a hablarte mucho, podía quedar al descubierto. Tú quizás te atrevías más que yo, pero mi incapacidad para darme cuenta de ello no me permitía verlo. Fueron años, estaba en séptimo básico, lo recuerdo, pues estudiábamos en el mismo colegio, pero en jornadas distintas. Lo cual en ese momento era bueno, o no, pero no me generaba la complicación de encontrarme contigo en el patio.
Así pasaron meses, hasta que después de haber pasado a segundo año de Universidad me contaron que ambos teníamos el mismo secreto. Fue una experiencia fuerte, sentí que perdí mucho tiempo, que quizás el belmont light, el chicle de menta y el horóscopo eran sólo una excusa, ¿lo eran?
Al mismo tiempo me consideraba muy torpe al no seguir los consejos de mi madre, cuando me decía que podía ser más amigo de ti. Pero el temor a ser descubierto me limitaba, la pregunta era, ¿y si lo sabe?, ¿si lo descubre? Eso no quería.
Después me encontré con tu madre, pero aún existía ese miedo, no me atrevía a preguntarle por temor a ser descubierto. Sólo hice esa vaga pregunta, ¿cómo está? Supe que estabas mejor, que habías conseguido muchas cosas, que habías hecho giras, en ese momento andabas en una.
Fue en el tiempo de las micros amarillas la última vez que te vi, no me atreví a sentarme a tu lado, fue miedo, no quería ser rechazado, no sabía qué decirte. Sabía, tal como lo sé ahora, que fuiste la primera persona por quien me sentí muy atraído, y como esos amores quinceañeros estás dentro de esa idealización. En ese modelo de amor infantil, donde prima la pureza, donde todo es lindo. Hasta el día de hoy te busco, me gustaría poder conversar contigo, decirte que fuiste mi primer amor, quien primero me puso nervioso. Ya han pasado 10 años desde la última vez que te vi, y 18 años desde el belmont light. Nunca lo había pensado en años, son bastantes. Y aún espero encontrarte.
Yo, Claudio.