enero 18, 2007

Apología por la Historia.

No es que quiera responder a la pregunta para que sirve la Historia como lo pretendió hacer Marc Bloch. Sino que mi objetivo es otro, y sólo me aprovecho de su titulo.

Es cierto que nuevamente estoy un poco desfasado con el acontecer político de Chile, pero después de un tiempo de Pinochetmanía, en el cual se escribió bastante sobre el tema. Creo que la conclusión màs o menos puede ser: que serà la Historia quien lo juzagarà, y que significa el término de una época. Las dos ideas me parecen erróneas, primero son los tribunales de “justicia” los llamados a emitir juicios, y no los historiadores. No es sino esa la función para la cual fueron creados, y fue por ello que cedimos parte de nuestro poder. Ahora si lo cumplieron o no, es otro punto. Sin embargo, tampoco mi frase es cierta a cabalidad, pues, el lenguaje que utilizan los historiadores en si es un juicio, las palabras no son agentes vacuos, sino que tienen una carga valórica, es decir, desde el momento en que se decide utilizar una palabra por sobre otra, se esta emitiendo un juicio. Pero este juicio debe ser lo mas verosímil posible, y cuando digo verosímil lo pienso en su sentido griego, es decir, que sea un símil a la verdad, no es la verdad. Verdad que por cierto es el pasado. Así, los historiadores no son jueces, sino que algo así como interpretes de un pasado.

También es cierto que los historiadores escriben, no todos, en tercera persona, es decir, usando el nosotros, como si el lector hubiese escrito con él el libro o articulo. O quizàs por querer hacerlo responsable de sus escritos; o sea por esa grandilocuencia o megalomanía de la cual padecen muchos historiadores, quienes creen a ciencia cierta eso de que hay que conocer la historia. O también, peregrinamente, repiten esa verdadera barbaridad de que hay que conocer el pasado para no cometer los errores, lo cual no es sino una muestra de un desconocimiento histórico. La Historia no es sino un placer intelectual, como lo decía Julio Retamal Favereau. Sólo los historiadores se leen a si mismos.

Afirmar que la muerte de Pinochet es el término de algo es una exageración, y que por cierto demuestra un escaso conocimiento histórico y del desarrollo de los procesos. Recuerdo que cuando estudiaba en el colegio, mi profesor nos preguntó: ¿ustedes creen que el 17 de septiembre de 1810 todos eran realistas y al día siguiente todos patriotas?. Quizàs la pregunta sea extremista, sin embargo, es útil para expresar que los procesos históricos no son inmediatos, sino que, como lo planteó la escuela de los Annales, hay procesos de corta, mediana y larga duracion. Es decir, unos seràn como las olas, otros como las mareas, y otros como los movimientos en el fondo marino. Y creo que Pinochet està en esa última capa, su muerte, como se ha visto hasta hoy no ha significado ningún cambio importante, entonces, es vàlido preguntarse ¿de qué término de época me estàn hablando?.

Nos guste o no la Constitución sigue manteniendo el espiritu que Pinochet quiso plasmarle, el modelo económico no es sino el que resguarda esa misma Constitución, y así con otros elementos. Por último tampoco es justo decir que el Chile de hoy es el Chile de Pinochet, pues éste estuvo la misma cantidad de años que lleva la Concertación, por lo tanto ésta podría haber realizado una transformación de la misma gravitación que la que se gestó durante la dictadura. Quizàs el Chile actual responde a un contexto histórico global, como lo afirma Fermandois, de alguna manera en Chile la Guerra Fría terminó antes que en el mundo, y el modelo político, democràtico; y económico, no sean sino reflejo de un proceso global. Y Pinochet como la Concertación se suman a este proceso, el primero imponiéndolo y la segunda afinàndolo, imprimiéndole un carácter quizàs menos liberal. Que en el fondo es lo que heredamos y continuaremos heredando de Pinochet.

Un abrazo,
Yo, Claudio.
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